Juan Luis Martínez nace en Valparaíso  el 7 de Julio de 1942 y muere el 29 de marzo en Villa Alemana a los 49 años. Considerado como uno de los poetas más transgresores, rebeldes y visionarios de su generación y uno de los más importantes del siglo por su autoría literaria, su erudición y por su ingeniosidad como artista visual. Hijo de Luis Martínez Villablanca, quien fuera Gerente General de la Compañía Sud Americana de Vapores y de una madre de origen nórdico que pertenecía a una familia muy conservadora, de una educación refinada y gran intelecto,  Isabel Elisa Holger.

Juan Luis Martínez abandona el colegio, recién iniciados los estudios secundarios, y entre los quince y los veinte años vive intensamente contra todo sistema impuesto en la época, incluso durante todo el régimen militar. Martínez es considerado un muchacho rebelde tanto por su familia como por la gente que lo identifica por su larga cabellera, un rasgo inusual en ese período histórico de Chile. Nunca más regresa a un aula estudiantil, pero por las influencias culturales que lo rodean y una sed de conocimiento impulsado por su madre, generan en él  una larga etapa de lecturas y aprendizaje autodidacta. El traslado de su familia de Valparaíso a Viña del Mar, lo inquieta y le desagrada, debido al cariz de emergencia burguesa que representa la urbe balnearia; por eso mantiene una relación profunda y sentimental con su ciudad de origen, con la bohemia porteña que se reúne en los bares como el Roland bar, Yako, Inglés, Alemán, Pajarito, e incluso en el agonizante y clásico Siete espejos.

De su obra son pocos los materiales que nos dejó: “La Nueva Novela”, su primer libro editado en 1977, desechados años antes por la editorial Universitaria de Santiago, sin saber que se transformaría en uno de los libros fundamentales de la poesía chilena contemporánea. La Nueva Novela es el libro sueño, el libro utopía, el libro total. Allí, el lenguaje poético se cruza con la filosofía, la lingüística y las matemáticas. Muchos poemas parecen adivinanzas o problemas aritméticos. Un ejemplo: “Comúnmente suele decirse que el tiempo es oro. Haga el cálculo en dólares”. El texto es intervenido con citas de autores, imágenes de personajes célebres, collages y artefactos hechos por él mismo, como unos anzuelos aplanados con alicate. Lo terminó en 1971, pero tras ser rechazado por Editorial Universitaria, lo archivó unos años. Finalmente, lo auto publica en 1977. Al año siguiente, edita La Poesía Chilena, otro libro objeto. Es imposible reseñar todos los juegos fantásticos del pensamiento, de la palabra, del contexto tipográfico y autoral que esta obra nos presenta. Los textos de La nueva Novela tienen la estructura del problema lógico, físico o matemático, con un espacio en blanco para su resolución, o con la solución misma al pie de página. Es así como La Nueva Novela se arma por ensamblaje y por el desmantelamiento del propio lenguaje. Sus textos se enfrentan huérfanos entre ellos, armándose y desarmándose, escribiéndose y borrándose.De forma póstuma se publicó a 10 años de su muerte los “Poemas del Otro” y luego de 17 años  “Aproximación al principio de incertidumbre a un proyecto Poético” .

Yo he trabajado estos últimos quince años en un libro que es muy intenso, de ahí que me interese mucho su perspectiva sobre el discurso de lo político y lo psiquiátrico. Pretendo que sea un libro intolerable” así  que, si no me encierran, será pura casualidad”. Juan Luis Martínez.

Se ha producido el encuentro con una obra que podría ser interminable, lo cual es muy riesgoso. Entonces hay que ejercer la voluntad de establecer un corte, cerrar en alguna parte. Ahora, mi mayor interés es la disolución absoluta de la autoría, la anonimia, y lo ideal, si se puede usar esa palabra, es hacer un trabajo, una obra, en la que no me pertenezca casi ninguna línea, articulando en un trabajo largo muchos fragmentos, pedacitos que se conectan. Es un trabajo de Penélope”.Juan Luis Martínez. (Estos párrafos son parte de una entrevista con Feliz Guattari en alusión a su misterioso libro inédito que aún no ha sido publicado, “El poeta anónimo y el eterno presente de Juan Luis Martínez”).

Por ello Juan Luis Martínez pareciera ser tan sólo un “nombre-pretexto”, tras el cual sólo hay un espectro. J. L. Martínez sentía que no era dueño del lenguaje que componía su obra, y por eso tachaba su nombre. Decía: “no soy yo el autor de nada, el lenguaje le pertenece a todo el mundo, yo sólo lo ordené de una manera, pero esto lo podría haber hecho cualquiera”. El mismo Martínez  escribe su propio nombre, pero luego lo tacha, lo elimina, lo borra: el sujeto desaparece, el ego no tiene cabida posible. La nueva novela es una obra plural escrita por muchos, como en tiempos medievales. El ideario poético con el que J. L. Martínez aparece comprometido es el de emanar una identidad velada, en sus palabras “no sólo ser otro, sino escribir la obra de otro”. Juan Luis Martinez.

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